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Los recuerdos tienen historia - Souvenirs

Una manera de recrear el viaje

 Por Verónica Luna

Puede ser pequeño. Desde un imán hasta una postal. Desde una vasija hasta una pieza de telar. Una talla en madera, un objeto en plata, una piedra, una pintura. Hay de diversos tamaños, materiales y elaborados con distintas técnicas. Su producción es a veces industrial, pero los más genuinos son los artesanales. El souvenir es un objeto simbólico muy arraigado en la actividad turística.

Proveniente del francés, el vocablo “souvenir” significa precisamente “recuerdo”. La actividad turística contribuye al fomento de la producción de artesanías generando una fuente de trabajo e ingresos para las poblaciones locales. Sin embargo, el souvenir es en sí mismo, anterior a la actividad turística tal como se conoce en la actualidad.

Ya en los relatos del periplo realizado por Odiseo en el poema de Homero, se mencionaba a la recolección de objetos como símbolo del viaje. Durante su travesía, el navegante iba recolectando regalos que servían como recuerdos de las tierras visitadas.  

Las peregrinaciones religiosas, las exploraciones de territorios desconocidos, las rutas mercantiles, los desplazamientos militares, a lo largo de la historia, muchos fueron los motivos de traslado de un destino a otro generando la recopilación de objetos simbólicos como recuerdo de la travesía. Los relatos de Marco Polo también dan cuenta de los diferentes intercambios de regalos y los obsequios que recibía en cada destino visitado.

La costumbre de adquirir las figuras que representaban a los dioses, provino de los peregrinos griegos y romanos. En la Edad Media, el hábito de coleccionar objetos que representaran su paso por distintos lugares, fue adoptado por los cristianos que hacían el recorrido por el Camino de Santiago.

En el siglo I d.c. fue el artesano romano Caius Valerius Verdullus quien se dedicó a la comercialización de vasos con la estampa de su lugar de origen.  Un auténtico precedente para lo que sería luego el desarrollo de una industria posterior.

A partir del siglo XVI cuando comenzó a adoptarse la costumbre de realizar viajes formativos por parte de los intelectuales y artistas, y más tarde, cuando el Grand Tour se hizo frecuente entre las familias adineradas, la costumbre de llevar algún presente como souvenir fue convirtiéndose en hábito muy arraigado.  

La puesta en funcionamiento de nuevos medios de transporte como los barcos de vapor y los ferrocarriles, y luego el automóvil y los mejores y mayores trazados de rutas, facilitaron los desplazamientos. Los viajes se ampliaron y no sólo se realizaban por Europa, sino también por Asia y África. Esos destinos antes impensados, obligaban a llevar un presente que mantuviera viva la experiencia del viaje.

Los primeros objetos que se comercializaron como símbolos que representaban al lugar visitado eran piezas pequeñas, normalmente realizadas con materiales locales (desde barro, cerámica hasta maderas y metales) y piezas de sastrería. Las prendas de vestir como mantillas, botas, sombreros, abanicos, fueron las más comercializadas inicialmente.

Con el turismo masivo, la industria de los recuerdos se hizo más importante. Los objetos se hicieron más simbólicos. Los principales atractivos de cada destino comenzaron a ser representados en los objetos elaborados para recordar el periplo realizado.  Las piezas portadoras de memoria se tradujeron en miniaturas de la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, o el Coliseo. Paralelamente también se desarrolló una industria del souvenir que tendió a unificar los objetos y a producirlos en serie, siendo el único distintivo la estampa con el nombre del lugar visitado en una vasija producida en otra parte del mundo.

Los alimentos también forman parte de la cultura, de las tradiciones, de la identidad de un lugar. La degustación de los platos típicos es apenas parte del viaje. Muchos de los objetos utilizados como regalos para familiares y amigos al regreso de los viajes, fueron reemplazados por obsequios comestibles. Así los destinos turísticos fueron comercializando productos autóctonos típicos como quesos, vinos, cervezas, dulces.

El desarrollo de las rutas alimentarias, surgidas durante el siglo XX, contribuyó también a que cada vez sean más los productos alimenticios los que se utilicen como souvenir. Es una forma de llevar un recuerdo que se relaciona no solo con lo cultural, también con lo sensorial. El gusto, el tacto, los aromas, los colores, todo se combina de modo tal que el presente pueda prolongar con posterioridad la experiencia vivida, revivirla y volver a disfrutarla. Y además, incluso, compartirla.  

El souvenir es como una metáfora del viaje. Es un ícono de representación de la cultura, de la identidad, de las tradiciones de un destino turístico y su gente. Es una también una forma de compartir los gratos recuerdos de una experiencia memorable con los afectos.

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