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Mirador del Rockefeller Center - NY

Skyline de Nueva York vista desde el Top of the Rock - Foto gentileza Mónica Grimal

Lea la nota completa en: El Mirador del Rockefeller Center, quizás el mejor de Nueva York -

::::: Quizás el mejor de Nueva York :::::

Texto: Armando Cerra - Fotos: Mónica Grimal

Todos conocemos Nueva York. Nos son familiares sus calles, los edificios más emblemáticos, el olor de sus puestos callejeros, nos suenan los nombres de sus calles y hasta reconocemos sus entrañas de las líneas de metro o sus estaciones. Y todo sin haber puesto allí un pie. Viendo el televisor o en un cine hemos caminado estresados por Wall Street, hemos sufrido un atasco a bordo de un taxi en Manhattan, hemos corrido de buena mañana por Central Park, o hemos visitado una exposición en MoMA.

De vez en cuando, tumbados en el sofá de casa y viendo una peli ambientada en esas calles neoyorquinas algo se agita y nos viene la idea de tomar un vuelo para aterrizar en cualquiera de sus famosos aeropuertos, que por supuesto también conocemos de sobra por la vía cinematográfica. Y es que ya nos hemos cansado de conocer la ciudad y ahora queremos sentirla.

Pues bien, así como en otras grandes metrópolis la primera experiencia siempre debe ser a ras de calle, desde la cubierta de un barco o incluso circulando en coche y entrando por una gran avenida a la ciudad, en el caso de NYC os invitamos a tomar un contacto aéreo.

No os hablamos de sobrevolarla en helicóptero, lo cual también es posible si vuestra economía os lo permite. Lo que os recomendamos es subir a uno de sus grandes edificios y contemplar el panorama único que ofrece la Gran Manzana.

Las opciones son varias, porque el skyline de Manhattan ofrece la posibilidad de subir a varios de sus rascacielos. Y entre ellos hay tres que destacan sobre el resto, y no solo por su altura, sino sobre todo porque ascender a su cúspide no deja de ser hacer un recorrido por la historia de este país y de la arquitectura en general.

Estamos hablando del Empire State Building, el Edificio Chrysler y la torre de General Electric en el Rockefeller Center. Cualquiera es un atractivo turístico ineludible durante un viaje a Nueva York. No obstante, todos ellos son visitas caras, por eso al igual que decimos que disfrutar de una panorámica área es imprescindible, también es cierto que basta con subir a uno de ellos, tanto por motivos económicos como por tiempo, ya que lamentablemente siempre se viaja con el tiempo muy escaso.

Y puestos a elegir, subamos al Top of Rock del Rockefeller Center. De las tres grandes cimas históricas de Manhattan, es la menor de ellas, ya que “tan solo” alcanza los 266 metros de altura y tiene 70 plantas. Y tal vez por eso es ideal para contemplar los 381 m. del Empire, y los 319 m. del Chrysler Building. Y no solo eso, sino que desde las terrazas visitables del edificio de General Electric se contempla a la perfección todo el conjunto histórico del Rockefeller Center en el que se integra.

En realidad, se trata de una especie de ciudad dentro de ciudad que concibió el magnate petrolero John D. Rockefeller, quién impulsó este complejo que lleva su apellido. En total ocupa unos 90.000 m2 entre las avenidas Quinta y Sexta, y son 19 edificios levantados en los años 30 del pasado siglo XX.

Allí encontramos oficinas, centros comerciales, locales de ocio y espectáculos como el Radio City Music Hall, considerado el teatro más importante de Estados Unidos, y desde luego enclaves tan famosos como la pequeña pista de hielo que en Navidad se complementa con un gran abeto iluminado. En definitiva, que el Rockefeller Center es un atracción turística en sí misma, y todavía no hemos subido al mirador de su torre más alta.

En la actualidad subir es mucho más fácil que cuando se hizo la famoso foto de Almuerzo en lo alto de un rascacielos. Sí, esa imagen tomada en 1932 de unos obreros sentados sobre una viga, se hizo aquí. Hoy la imagen de aquellos trabajadores que no sabían que era el vértigo ni la seguridad en el trabajo, da la bienvenida a los turistas que se disponen a tomar el ascensor que les lleva al Top of de Rock.

El ascensor en sí es toda una experiencia, ya que en menos de un minuto nos eleva hasta la planta 67. Y una vez allí ya nos podemos mover por las distintas terrazas. Todas ellas acristaladas. Todas ellas plagadas de gentes que sonríen sin parar y no cesan de sacarse fotos para creerse que están aquí, en un sitio visto cientos de veces en la pantalla. Pero que por fin pisan.

Y tras eso hay que asomarse para ver el panorama. El urbanismo de Manhattan es un tablero de ajedrez en el que cada casilla la ocupan rascacielos antiguos y tan carismáticos como el Flatiron o el Hotel Waldorf Astoria. Aunque también hay otros más modernos, surgidos en los últimos años como el 432 Park Avenue, la Torre Beekman de Frank Ghery o el One World Trade Center que evoca las Torre Gemelas.

En fin, que subir al mirador del Rockefeller Center es una magnífica idea para tomar contacto con la ciudad, hacerse una idea de lo que nos espera durante el viaje y decidir hacia donde encaminar nuestros pasos para nuestras próximas visitas. Y por supuesto, la próxima vez que lo veamos en la tele, sonreiremos y diremos “yo estuve allí”.

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