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Lisboa

La ciudad que embruja...

Lisboa, la ciudad que embruja Por Redacción Ladevi | 17 de Agosto de 2017 Conocida como la Ciudad de las Siete Colinas, iluminada por el reflejo del río Tajo, empapada de los acordes del fado, surcada por tranvías extemporáneos, repleta de miradores, impactantes monumentos y adornada de azulejos, Lisboa embruja a los viajeros con su belleza sutil. Artículo Paquetes Desde los miradores de sus siete colinas es posible asomarse a los secretos de esta ciudad bruja. Sus encantos se esconden también en los acordes apasionados del fado y en la belleza única de sus azulejos. En su horizonte de río calmo y los acantilados del cabo de Roca, que alguna vez fueron considerados el fin del mundo. Para descubrir los misterios y la sutil elegancia de Lisboa, conviene caminar por el centro. Un buen comienzo es recorrer la avenida da Liberdade, con sus terrazas, veredas arboladas y tiendas de grandes marcas internacionales, hacia la zona de la Baixa Lisboeta. Llegando a la Plaza del Rossio –una de las zonas más animadas de la ciudad, rodeada de bares y restaurantes–, la estatua de Pedro V indica la dirección de la rua Augusta, con sus comercios, restaurantes, artistas callejeros y su majestuoso arco. El arco desemboca en el lado norte de laPlaza del Comercio, la más importante de Lisboa, emplazada donde estuviera el Palacio Real. Tres de sus lados están flanqueados por edificios con pórticos, mientras que el restante está abierto hacia el Tajo, justo donde llegaban los barcos mercantes, y donde hoy se puede disfrutar de bonitas terrazas. Desde allí lo mejor es seguir camino hacia Chiado, la zona más trendy de la ciudad, donde la diversidad y la modernidad se mezclan con la historia de poetas y artistas que, en el siglo XIX, la convirtieron en epicentro del romanticismo poético y literario. La mejor manera de hacerlo es con el pintoresco elevador de Santa Justa, un ascensor de 45 m. que comunica ambas zonas. Justo al lado del elevador se puede apreciar la iglesia del Convento do Carmo, que quedó en ruinas en 1755, cuando la urbe fue abatida por un gran terremoto. Para descubrir el lado más pintoresco de Lisboa, hay que recorrer también las calles medievales, estrechas y empinadas de Alfama y Mouraria, adornadas con faroles y magníficos azulejos. Allí se debe visitar la Catedral de Lisboa (s. XII), de un austero estilo románico, y los miradores de Santa Luzia y Portas do Sol, ambos con vistas espectaculares. Otro imperdible es el Castillo de San Jorge, antigua residencia de los reyes de Portugal, con una de las mejores vistas de la ciudad y también conocido por su cámara oscura, que permite ver cualquier lugar de Lisboa en tiempo real a 360°. Desde Mouraria se sube a Graça, con visita obligada a los miradores de Graça y Senhora do Monte, con su capilla con pórtico del siglo XII. También podemos llegar a Graça a través del famoso Tranvía 28, una obra maestra de la ciudad y una de sus postales más típicas, que permite apreciar gran parte del patrimonio histórico y cultural de Lisboa. Después de haber caminado por las calles de la ciudad y visitado algunas de sus edificaciones más emblemáticas, seguramente el viajero habrá quedado deslumbrado por los fantásticos azulejos portugueses. Quienes deseen conocer algo más de este arte, deberán visitar el Museo del Azulejo, con una colección de 7.000 piezas de diversos orígenes y épocas. LA CIUDAD Y EL RÍO. La renovada Ribeira das Naus, junto al Tajo, permite sentir la profunda conexión de Lisboa con el río. Siguiendo por la avenida 24 de Julio hacia Alcântara, se llega a Belém, lugar que mezcla ocio, cultura, terrazas y restaurantes, además de algunos sitios imperdibles para visitar. Fue desde aquí que partieron los grandes navegantes que se lanzaron a la aventura de descubrir las tierras que una vez formaron el gran Imperio Portugués. La Torre de Belém, de estilo manuelino y Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco, es una antigua fortaleza del siglo XV donde funcionaba una aduana. Pasando por la Plaza del Imperio, con sus jardines y fuentes, se llega al Monasterio de los Jerónimos. Encargado por el rey Manuel para conmemorar el afortunado regreso de la India de Vasco da Gama, fue fundado en 1501 y continuó ampliándose y modificándose hasta el siglo XX. Destacan sus portales, el interior de la iglesia y el magnífico claustro, además de ser la morada de los restos del navegante Vasco da Gama, del poeta Luis de Camões y del escritor Fernando Pessoa. Justo al lado debe cumplirse otro de los rituales obligados de Belém, éste de carácter más mundano. Se trata de probar –y comprar para llevar– los famosísimos pastéis de Belém, elaborados con una receta tradicional del monasterio, con base hojaldrada y un relleno similar a la crema pastelera, con perfume de canela y azúcar glacé. Otro ícono de la zona es el Monumento a los Descubrimientos, levantado con motivo del 500° aniversario de la muerte de Enrique el Navegante, quien descubriera las islas Azores, Madeira y Cabo Verde. Se puede visitar también el Centro Cultural de Belém y el Museo de las Carrozas, con una exposición única en el mundo de este histórico medio de transporte y sus accesorios. Quien desee conocer la Lisboa más moderna debe visitar el Parque das Nações, levantado en ocasión de la Expo de Lisboa en 1998, y marcado por la arquitectura contemporánea. Los ejemplos más conocidos y que despiertan mayor curiosidad son la fachada del Pabellón de Portugal y la Estación del Oriente. Sus múltiples espacios verdes, justo al lado del río, y el famoso teleférico transforman esta zona en un lugar privilegiado para los paseos en familia. El Oceanario es uno de los puntos de mayor atracción: es el segundo más grande de Europa, donde destacan las enormes rayas y los tiburones del tanque central. Otro sitio de interés es el Museo de Conocimiento - Ciencia Viva, donde los visitantes son protagonistas de sus propias experiencias. HACIA EL CONFÍN DE LA TIERRA. Quienes dispongan de tiempo para visitar algunos de los lugares más interesantes de los alrededores de Lisboa, no deben perderse un paseo a Sintra, Cascais y Estoril. A sólo 25 km. de Lisboa, y considerada Paisaje Cultural y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, Sintra es la capital del romanticismo. Sus paisajes verdes se funden con la exuberancia arquitectónica de mansiones y palacetes. En la cima de la sierra de Sintra se encuentra el Palacio da Pena, exponente máximo del romanticismo del siglo XIX y una de las principales residencias de la familia real portuguesa. Otro imperdible es el Castillo de los Moros, con imponentes murallas y torres que muestran un lado diferente de Sintra y remiten a épicas batallas. Igualmente fascinante y lugar de visita obligatoria es el cabo de Roca, punto más occidental de Portugal continental y por lo tanto de Europa, cuyos impactantes acantilados azotados por el viento fueron considerados el fin del mundo hasta casi terminado el siglo XIV. No lejos de allí, la línea de Cascais es una de las zonas más buscadas por los lisboetas para huir hacia un ambiente de playas, ocio y relax a sólo 30 minutos de la capital. Cultura, naturaleza y gastronomía se combinan aquí con numerosas playas para tenderse al sol. A apenas un par de kilómetros, con su imponente castillo y su afamado casino, Estoril es el centro del glamour y la diversión.